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Argentina país de oportunidades, en definitiva, lo que no mata te fortalece . . .

 

El efecto de la globalización de la economía y la velocidad de desarrollo de la super tecnología ha provocado que la Argentina, dentro del contexto latinoamericano, sea el país donde más ha crecido la pobreza urbana mostrando también la menor capacidad de crear un tejido social e industrial, con un acentuado estancamiento político en cuanto a dar respuestas prácticas.

Esta situación de permanente exclusión social nos mueve a plantear una reconceptualización en todo lo que conocemos como vida económica; retornar a sistemas sin intermediarios y con equidad, en donde se recupere el respeto al medio ambiente y las personas.

Consideramos que llego el momento de introducir lo humano en la economía, la producción regional, la ciencia, la política de vida.

Desde lo cotidiano, hoy sentimos que nos falta dinero para progresar y resolver problemas, pero en realidad no escasea, sino que es absorbido por los mercados de concentracion financiera, los cuales en los últimos años han crecido veinte veces más en circulante, ha expensas de la acumulación y el consumo ciudadano como lo vivimos en "el corralito".

Muchas personas culpan de sus males a la economía, unos pocos responsabilizan al sistema capitalista, pero casi nadie se detiene a pensar que el dinero, como el agua, es un bien cada vez más escaso y que tenemos que encontrar un modo de reciclarlo.

Si se estuviera filtrando hacia el subsuelo toda el agua potable del planeta, nadie vería mal recoger un poco de lluvia del tejado. Algo parecido está ocurriendo con el dinero que es absorbido por los mercados financieros, mientras que el trueque multirrecíproco nos brinda un sorbo de agua fresca de nuestro propio aljibe.

El trueque proporciona el tejado, las canaletas, el aljibe, el molino y los canales para recoger, extraer y hacer circular bienes y servicios en forma sustentable. El líquido metafórico en el que navegan es limpio, gratuito e interminable, no se puede comparar con las mezquinas cañerías por donde se escurre el dinero.

Ante esta realidad y la falta de soluciones prácticas, irónicamente algunas personas nos preguntan: ¿Para qué volver al trueque si existe el dinero?
Nos sorprende que digan esto, porque a muchos de ellos los hemos escuchado quejarse de la falta de dinero. No están conscientes de su incongruencia.
En la práctica, el trueque multirecíproco que proponemos, es un sistema de intercambio sencillo e imaginativo basado en un sólido modelo sistémico. Lejos está de aquella imagen distorsionada del trueque directo de la antigüedad. Quienes se quedaron con este prejuicio se están perdiendo una herramienta versátil para generar ocupación y mejorar la calidad de vida.

El dinero hoy es un enojoso intermediario entre el hombre y sus necesidades. El trueque multirecíproco, en cambio, permite un acceso más directo a bienes y servicio; es como estirar la mano y tomar la fruta del árbol.
En el pasado, el dinero sustituyó al trueque directo porque era complejo encontrar equivalencias entre diferentes sistemas de medida y se perdía mucho tiempo con el regateo.
A partir del Renacimiento y gracias al dinero, la valoración de un individuo ya no estuvo determinada por su posición dentro de un rígido sistema de castas, sino por el propio esfuerzo. Con el tiempo, la concentración económica, su monopolización y el mercantilismo hicieron que esta franca medida de valor fuera perdiendo su sentido original transformándose en una expresión abstracta y en un instrumento de poder.

El trueque, practicado en una red de pequeños clubes o nodos de cien a doscientas familias con contactos cara a cara, desalienta las maniobras especulativas y fortalece la comnicacion entre vecinos.
Liberados de intenciones espúreas, todas las energías pueden orientarse a crear relaciones más plenas, a mejorar la calidad del producto y a estimular la justicia del intercambio. Esta idea provocativa significa romper con los moldes de teorías y fórmulas económicas neoliberales que condicionan nuestras vidas. Es crear un nuevo mercado basado en valores que alienta la satisfacción de necesidades y no el consumismo estéril; una economía que ha dado respuestas en los momentos más difíciles de los ultimos años en nuestro país y que fue acayada solo por el Estado asistencialista y sus “servicios”.

Para comprender mejor la paradoja entre “la globalización individualista y el cara a cara”, debemos observar que en el mundo moderno, durante los últimos cien años se provoco un cambio enorme y único en la historia generado por los procesos industriales y la super tecnología, se paso de un sistema de autosuficiencia a un sistema de organización. Se ha migrado de un modelo a otro y a consecuencia de esto, las personas se vuelven cada vez menos autosuficientes y más dependientes. Reconocen que tienen el nivel de educación más elevado que cualquier generación pasada; pero lo cierto es que no pueden hacer nada sin depender de otros o de la tecnología.

Históricamente los pueblos han practicado una combinación de ambos sistemas; donde la interacción de uno y de otro se realiza en distintas proporciones.
El primer sistema tiende a crear hombres y mujeres independientes, el segundo supone hombres y mujeres integrados en una organización dependiente de la tecnología.
El modelo de organización depende completamente de vastas y complejas estructuras, de máquinas y robótica, de ingresos monetarios cada vez mayores orientados a la financiación y acumulación; pero su eficacia se ve resquebrajada cuando sobreviene la falta de dinero, la recesión en el mercado, el desperfecto energético, el desempleo . . .

Y que ocurre con la gente, la mayoría se empobrece y queda excluida por falta de empleo. Esta situación se profundiza en la sensación de falta de futuro, conduciendo a los individuos a estados de indefección y desesperación.

Pero entonces ¿por que no pasan al modelo de autosuficiencia?
La respuesta es evidente: no lo visualizan, no saben cómo hacerlo. Nunca lo han intentado, no sabrían siquiera por dónde empezar.
Por ello consideramos de fundamental importancia crear ámbitos de capacitación para “hacernos capaces” de retomar la economía y abordar nuestros destinos a partir de estimular unidades de trabajo más pequeñas, y de pensar en una descentralización y desurbanización de la producción, estos nuevos proyectos de producción y consumo podrían reubicar a los trabajadores, empleados y desocupados que se concentraron en las ciudades, para devolverlos a su primitivo lugar : el hogar. Es como volver al bosque.

El intercambio “no-monetario” está al alcance de todo aquel que quiera hacer algo por alguien. No utiliza para las transacciones ningún tipo de soporte material o simbólico que pueda ser monopolizado o controlado.
Pero: ¿Quién le teme al trueque?
Estas son algunas de las respuestas que recibimos: “Es una regresión”; “Es incómodo”; “Es utópico porque la gente es individualista y desconfiada”; “Es como La Forestal” (aludiendo a la maderera que pagaba a los hacheros con fichas y estas únicamente podían canjearlas en el almacén de la empresa)

Ninguna de estas afirmaciones son ciertas porque:
• El trueque es una modalidad actual que emplean países y empresas para intercambiar sus productos nacionales. Equilibran de este modo sus balanzas comerciales, ubican sus productos temporales y evitan las fluctuantes relaciones entre divisas.

• Con este sistema de autogestión y autosuficiencia económica, muchas personas que sentían que eran marginadas del mercado (jóvenes, discapacitados, jubilados, desocupados), ahora se sienten más útiles concretando un emprendimiento y pudiendo consumir sin depender de un sueldo o subsidio.

• El trueque multirrecíproco libera a los pequeños y medianos productores de la impotencia, el sometimiento y la frustración causada por la falta de circulante.

• En realidad, lo verdaderamente incómodo es el uso del dinero en las transacciones comerciales. Por eso está siendo sustituido por un flujo de información que circula por las redes bancarias (dinero electrónico).

• Los unicos que lo vieron como una verdadera amenaza fueron aquellos vinculados al poder que practican el “clientelismo político” y en visperas de elecciones prefirieron hacer su toma de ganancia sobre el sistema, robando, falsificando los bonos y luego desprestigiando al sistema por medio de la prensa mercenaria.

Se dice que la decisión de las mayorías es la acertada; la historia demostró que quienes cambian el curso de los acontecimientos, son grupos minoritarios, porque entre ellos se entienden y saben de sus metas en común. Somos un grupo; pero tenemos la convicción y las ganas de muchos, y es por eso que emprendemos este proyecto postcapitalista. A muchos les parecerá utópico. Lo es. Porque utopía significa "en ningún lugar", y esto surgió de allí, del pensamiento holográfico, de nuestras mentes. Y hace diez años lo pudimos poner en marcha. Ahora juntos podremos continuar construyendo jornadas justas . .

Horacio Covas
Editor


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