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La temperatura del estanque conviene que oscile entre los 15 y los 30 º C. Depende en gran medida del ecosistema que elijamos como matriz.
Cuando incorporemos ejemplares de peces o ranas se debería tener en cuenta el salto térmico que puede experimentar al pasar de la bolsa o recipiente de transporte al estanque. Conviene igualar temperaturas sumergiendo el recipiente un buen rato y registrar la igualdad con un termómetro. Una hora es un buen lapso de tiempo.
Por otra parte se debe cuidar la dilución de oxigeno en agua. Cuando sospechemos que el recipiente puede tener una insuficiente cantidad de aire se debe batir el agua.
Especies de cría
Tener el pescado al alcance de la mano indudablemente puede ser un facto desencadenante para modificar una dieta pobre con relación a su consumo. Dejando de lado la tristeza que produce pescar o sacrificar cualquier animal nadie puede dudar que el pescado como muchos otros alimentos asociados a los medios acuáticos son ricos y nutritivos para una vida saludable.
En un estanque doméstico producir a través del policultivo, es decir crianza ecológica de múltiples especies, 8 Kg. De carne por metro cuadrado de estanque al año. En otras palabras, construyendo un invernáculo con estanque de 20 metros cuadrados es posible autoabastecerse de pescado si se lo consume una vez por semana.
Las especies de cría más adecuadas pueden elegir en una infinidad de alternativas. Es tan amplio este abanico de posibilidades como amplia es la naturaleza. Pero se pueden sugerir algunas variedades. Por ejemplo una buena comunidad la formaría mojarras, muy prolíficas ya que procrean una vez cada dos meses en un número cercano al centenar y desde la edad de cuatro meses. Esta tendencia exagerada en la reproducción se puede controlar colocando predadores. Un ejemplo es el bagre. Además se pueden incorporar competidores como las ranas toro y por el aprovechamiento que hacen del fondo con todos sus lodos y detritos algunos grupos de langostinos. Como estos últimos pueden ser fáciles presa de los otros integrantes de la comunidad conviene insertarlos en jaulas apoyadas en el fondo.
La rana toro (catesbeiana) merece un capitulo aparte pero será para otra oportunidad. Su carne es sabrosa y se justifica enormemente su cría pues alcanza tamaños enormes. Algunas sobrepasan los 50 cm. De largo. Se alimenta de insectos, larvas, pececillos y, si pudiésemos sumarlas, lombrices rojas de California.
Su sabor se asemeja al del conejo o al del pollo. Su crianza requiere una playa y numerosas plantas acuáticas.
El bagre que en esta comunidad actúa como predador es apropiado para preparar caldos mientras que la mojarra se fríe o asa.
Otra alternativa valiosa es la carpa que en sus variedades herbívora y carnívora se complementan ecológicamente y pueden constituir un plato exquisito para su criador. Requiere para su supervivencia fitoplancton, zooplancton, algas, moluscos, caracoles y todo lo que pueda ayudar a legitimar el ecosistema original de una laguna.
Una recomendación muy importante es que ninguna especie debe trasvasar a un cauce natural pues puede desatarse un verdadero caos ecológico. En este sentido es siempre mejor contar con especies autóctonas y no con exóticas.
Un ejemplo aleccionador es el de la reproducción incontrolada de carpas en La Argentina. En un principio esta especie asiática fue traída a los diques de la Provincia mediterránea de Córdoba para limpiar sus aguas de vegetales incómodos como el camalote y los juncos. Sin embargo la carpa no solamente se alimento de esas plantas sino también de los huevos de pejerrey que esta especie adhiere a los tallos. De esta manera la carpa se extendió a otros lugares del país en detrimento de esta valiosa especie autóctona como es el pejerrey. No quedan muchos lugares ya a los que la carpa no se haya adaptado. Es sin dudas un ejemplo más del peligro que constituye la introducción de especies exóticas.
Con relación al pejerrey habría mucho que hablar. Los japoneses por ejemplo lo han llevado a sus estanques de piscicultura y están obteniendo un rotundo éxito económico en su explotación. Lamentablemente no podemos decir lo mismo en la Argentina.
Las iniciativas privadas y oficiales para criar pejerreyes aun no son suficientes para equilibrar su aparente extinción como especie silvestre.
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